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Comunicar el contexto

Nuestro relato corporativo debe explicar de forma correcta el contexto en el que se encuentra nuestra empresa o nuestra marca. En teoría literaria, el escenario (o contexto) es la caja de resonancias o altavoz de un personaje. El escenario multiplica las cualidades de un actante y lo hace más visible. También puede diluir su peso, hacerlo desaparecer, enfrentarlo al espectador.

En definitiva, si explicamos mal el contexto perdemos parte del control sobre la imagen intencional de nuestra marca.

El eterno presente

En la sociedad-red no existen los tiempos pretéritos: existe un eterno presente. Todo lo que hacemos y decimos queda grabado en su memoria. Esto conlleva peligros. Miembros de la sociedad-red ajenos a nosotros pueden reactualizar nuestro discurso mucho tiempo después. Nuestras palabras pueden ser explosivas fuera de contexto. Lo queramos o no, somos presa del eterno presente.

Hace algunos cursos, en unas jornadas de la UC3M, Adolfo Corujo nos recordaba que uno de los primeros en sufrir la enfermedad del eterno presente fue Barack Obama. En un mismo plano temporal, el ciudadano norteamericano veía las promesas del Obama candidato. Y, al mismo tiempo, comprobaba si el Obama presidente las estaba cumpliendo. Por muy bien que hagas tu trabajo, no hay reputación que aguante este ejercicio de contraste.

Maldita inmediatez

La inmediatez es la mayor traba para contextualizar una información. La obligación de contar rápidamente los hechos propicia que focalicemos nuestra atención en las acciones y no en las circunstancias.

Lo contrario es la comunicación slow, de la que Diego Rivera nos ha hablado en alguna que otra ocasión. El tempo lento es la circunstancia ideal para crear un relato corporativo. Pero, seamos sinceros, no siempre podemos hacer uso de él. Aun con la tiranía de la inmediatez podemos contextualizar. ¿Cómo? Porque ya lo hemos hecho antes. La contexualización no sólo abarca un texto o un mensaje: entra y sale de él y forma parte de nuestro relato corporativo global.

Contextualizar una información no es sólo ofrecer un anclaje espacio-temporal. Tampoco es sólo establecer referencias políticas, sociales, económicas o culturales. En el comunicador, contextualizar es una actitud que se adquiere a base de costumbre. Se encuentra en nuestro ADN del periodista:

  • Saber narrar
  • Documentarnos, investigar y contrastar
  • Contextualizar

Debemos hacer de la interpretación del entorno una parte intrínseca de nuestro relato corporativo. Escenario, argumento y personajes deben estar tan unidos que uno no pueda ser decodificado sin la presencia de los otros.

Es tarea difícil. Pero somos comunicadores.

Imagen: Radek Grzybowski en stocksnap.io

 

Publicado en Opinión

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